Se cumplen veinticinco años de la muerte de la diosa del amor, como llamaban a Rita Hayworth, que ha pasado a la historia como Gilda, esa mujer voluptuosa que quiso sacar los pies del plato y, cómo no, un pusilánime Glenn Ford, con la mano muy larga, le cortó en seco las alas . “Los hombres se acuestan con Gilda y se levantan con Rita”, dicen que decía con pesadumbre esta diva, que, a pesar de su azarosa vida sentimental, dicen que nunca fue feliz. Yo me quedo con su guante, esa arma arrojadiza contra los convencionalismos, las dobles morales y los alambicados pensamientos de aquellos grises años cuarenta del siglo pasado. Charles Vidor, el director de Gilda, quiso echarle un poco de brío a la monótona existencia y le salió una tesis doctoral sobre la condición humana. Leer el resto de la entrada »


