Arturo Elena y sus mujeres infinitas
A Arturo Elena lo conocí hace un chaparrón de años. Tantos que él ni se acuerda. Llegó a mi periódico con un cartapacio lleno de sus ilustraciones. Lo llevaba como quien lleva a un hijo, con esa mezcla de amor, responsabilidad y desconcierto ante una obra que uno nunca acaba de creerse suya. Cuando desplegó sus recién nacidas ilustraciones allí estaban sus mujeres infinitas mirándonos sin vernos, con la displicencia de quienes se consideran únicas. Porque únicas eran y son. Son mujeres infinitas, que nunca terminan de enseñarnos sus palmitos, que vuelven, como han vuelto ahora a mi memoria. Vuelven porque nunca se han ido.
Vuelven para quedarse, al menos desde hoy y hasta el 10 de enero en el Museo del Traje de Madrid. Allí estarán expuestas cincuenta y dos ilustraciones de este artista. Expuestas para que se vean en su plenitud, para que nos atrapen en sus interminables figuras y nos lleven a otros mundos, los mundos de lo imaginario hechos palmaria realidad.

