Los pasos contados
Los que me conocen saben que me gustan los niños y los que me conocen saben que los suele mecer al ritmo de los versos de Miguel Hernández: “Desperté de ser niño, nunca despiertes, triste llevo la boca, ríete siempre… Al octavo mes ríes, con cinco azahares, con cinco diminutas frivolidades, con cinco dientes, como cinco jazmines adolescentes… ” Y así hasta que echan a andar y se pierden por las adultas selvas de la vida.
Hay una sección en el Magazine de El Mundo que se llama “La horma de mis zapatos” y yo la leo con la pretendida esperanza de encontrar las claves de la cabeza del protagonista a través de sus pies. Y las encuentro, porque el calzado es el equipaje más ilustrado que tenemos. Se empieza desde pequeño, quizás del pie de Cuquito, y se puede terminar de cabeza con Freud si le hacemos caso a sus teorías acerca de la erótica de los estuches que adornan la base del cuerpo.

