La moda infantil española progresa adecuadamente

En la imagen, algunas de las propuestas de la firma Bóboli
En las pasarelas pasa como en los toros, que hay división de opiniones. Hay quienes ven innovación a raudales y quienes aseguran que es más de lo mismo. Ahora, en estos momentos de hartazgo de crisis, los juicios de valor, a veces a bote pronto, giran en torno a quienes ven la botella medio llena y a los que la ven medio vacía. En cuestión de modas, que no de moda, ya lo dijo Paul Poiret, en 1890: “El vestido es una industria cuya razón de ser es la novedad”. La novedad en la setenta edición de la Feria Internacional de Moda Infantil y Juvenil (FIMI)de Valencia es que el sector progresa adecuadamente.
Ya en la pasada edición se decía que una de las salidas de la crisis para muchos diseñadores era lanzar una línea infantil, que amortiguara el escaso consumo y que les permitiera resistir otras temporadas más sin sumarse a la lista de Lacroix. En el sector, había como siempre, opiniones para todos los gustos. Desde los que consideraban que era una solución de poca entidad, a los que veían en ella una especie de panacea porque los niños tienen la buena costumbre (para ellos, no para los padres) de crecer a un ritmo incontrolable. Muchos de los grandes se sumaron a esta iniciativa, otros la dejaron macerar y los menos pasaron página.

