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Parece que los diseñadores de moda flamenca han seguido a pie juntillas la máxima que dejó para la posteridad San Ignacio de Loyola: “En tiempos de turbación no hacer mudanza”. En la XVI edición del Salón Internacional de Moda Flamenca, Simof, celebrada en Fibes, se ha visto de todo para la Feria que viene, pero la creatividad se ha centrado en las entretelas del traje. La mayoría ha procurado no salirse de las clásicas hechuras, porque en época de crisis todos vamos a lo seguro.
Lo seguro, en el caso de la moda flamenca, está cercano al purismo. Ese purismo de cuidar la esencia de un traje regional tan vivo que entra en el circuito endemoniado de la moda, pero que si se descontrola y se sale de la vía cae en el disfraz. Y disfraces ya ha habido muchos en los últimos tiempos, cuando nuestro estilo de vida parecía que invitaba a hacer locuras amparadas en la etiqueta de la cordura.
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Pedro Almodóvar, durante su visita a la tienda de Missoni, en la noche de la moda
Con lo poco dada que está últimamente la gente a echarse a la calle y la otra noche se abrió la espita de la reclusión y fue como cuando llueve en Sevilla, que se inunda, pero por un motivo mucho más prosaico: no limpian los husillos. En esta ocasión el gentío tomó el barrio de Salamanca y las Salesas (lo más bonito de Madrid) por una causa estética: la moda, que es una causa que revoluciona los sentidos. De vez en cuando es bueno darse una ducha de “todo a 3.000 euros”. Es reconfortante ver que aún hay quien dispone de esa calderilla, aunque lo disimule. Como reconfortante es saber que todavía hay gente guapa, la guapa gente de derechas, que escribiera Umbral, o aquella a la que se le nota que acumula un sinfín de generaciones comiendo jamón de pata negra, que diría un castizo.
La noche de la moda
Al grito silencioso - la gente bien suele ir por la vida de puntillas o en constante relevé, cosa que hay que agradecer -de “Moda, moda, queremos moda, moda”, en claro remedo de aquel otro mucho más estentóreo de “Marcha, marcha, queremos marcha, marcha”, Madrid fue una fiesta nocturna gracias a la revista “Vogue”.
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